De vuelta al trabajo, qué es más peligroso: ¿el auto, la micro o el metro? Diez consejos para disminuir el riesgo de contagio en el transporte público

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  • 11 de septiembre de 2020

Es uno de los mayores temores de la gente: trasladarse en el transporte público. Aunque sus aprehensiones tienen fundamento, existen algunas recomendaciones que podrían permitirle disminuir el riesgo de contagio.

En franco proceso de desconfinamiento, mucha gente está paulatinamente comenzando a regresar a sus trabajos, lo que en la mayoría de los casos, implica utilizar el transporte público.

Sin embargo, diversos estudios han mostrado cómo la locomoción colectiva es uno de los espacios más confinados, y por lo mismo, uno de los eventuales focos de contagios de coronavirus.

Por eso, muchas personas se angustian pensando en lo peligroso que puede ser el regreso al trabajo utilizando estos medios de transportes.

Un sondeo de la consultora Bare International, por ejemplo, muestra que el 85% de los encuestados en Chile intenta utilizar estos medios menos de una vez a la semana, pues existe un alto nivel de desconfianza por la seguridad que pueda entregar. De hecho, dice el estudiotan solo 5% de los encuestados cree que los medios de transporte público son confiables y tienen una tasa de contagio reducida.

Y si bien no hay forma de eliminar a cero este riesgo, existen, además de los consabidos lavarse las manos, usar mascarilla y mantener distancia socialhay algunos consejos menos obvios que pueden ayudar a disminuir este riesgo.

De los tres medios de transportes más habituales para ir al trabajo, el que resulta menos seguro es el metro. Y no tiene que ver con las medidas sanitarias que allí se tomen, sino por efecto de la física: el tren subterráneo es el que tiene menos ventilaciónY este es un aspecto clave en el contagio.

Según un grupo de 239 científicos, el Sars-CoV-2 se contagia no solo por gotículas que se expulsan al hablar, reír, toser o estornudar. Sino también por aerosoles, que son más grades y quedan suspendidos en el aire por varias horas, especialmente en lugares confinados, cerrados y con mala ventilación, como puede ser el metro.

Según un estudio de 2018 realizado por Lara Gosce de la U. de Londres y citado en un artículo de la BBC, la gente que usaba regularmente el metro de la capital británica tenía más probabilidades de contagiarse de influenza que los que no lo hacían.

Además, según Leonardo Basso, investigador del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI) de la U. Chile, si bien tanto el metro como la micro están congestionados en hora punta, en el tren subterráneo es poco lo que se puede hacer. “Ambos están muy a capacidad y en el caso del metro en el corto plazo no hay cómo hacer mucho más. Las frecuencias son las máximas y no caben más carros en los convoyes.”, dice.

En cambio, en los buses sí se puede hacer más, asegura, incluso sin incorporar nuevos buses, “porque si es que se protegiese a los buses de la congestión que causan los autos mediante las pistas solo bus, entonces los buses podrían andar mucho más rápido y eso permitiría aumentar la frecuencia porque cada bus daría una vuelta mucho más rápido que antes”.

Entonces, a pesar de que ambos están súper congestionados, muy hacinados, “hay más posibilidad de aumentar la capacidad de transporte en bus que en el Metro en el corto plazo”.

Francisca Guzmán, directora de la carrera de Data Science U. Mayor, dice que además, en el metro hay varios espacios de interacción posible, no solo en el carro, sino también entre las personas dentro de las estaciones, en donde la movilidad aumenta, por lo tanto, también el número de posibles encuentros entre ellas lo que favorece a las infecciones por contacto cercano y por los radios de contagios en espacios cerrados y con poca ventilación, a diferencia de espacios abiertos y bien ventilados. “En el transporte público es probable que un infectado tenga la capacidad de dejar aerosoles suspendidos en un radio mayor a un metro y por más tiempo en el aire que en otros espacios”, dice.

Por ende, un primer consejo puede ser preferir medios de transporte de superficie, donde la ventilación es mayor.

Si no puede obviar el traslado en metro, puede tener las siguientes consideraciones. Evite acercarse a personas que hablan animadamente y ríen distendídamente. La voz puede funcionar como un proyectil: se calcula que un minuto de conversación genera mil gotas cargadas de virus, que pueden permanecer suspendidas hasta 14 minutos en espacios cerrados

A la hora de sentarnos, hay veces que no tenemos opción, pero si pudiésemos elegir, mejor hacerlo en un asiento junto a la ventana.

Otro consejo es analizar bien la distribución en el carro. Una recomendación puede ser ubicarse cerca de la puerta, que podría resultar un sitio de mejor ventilación, pero suele ser también el lugar donde se abarrota más gente, en su afán de salir primero del carro. Por eso, por sobre la ventilación, es preferible evitar las aglomeraciones.

Aunque resulta imposible no tomarse del pasamanos, y debido al riesgo de tocar superficies que pueden estar contaminadas, acá hay otras dos recomendaciones que le puede ser útiles: viaje con guantes desechables y evite tocar pasamanos que han sido tocados por hombres: estudios muestran que los hombres se lavan menos las manos que las mujeres.

Muchos pasajeros del tren subterráneo, también prefieren viajar en vagones que dan directamente a las puertas de salida, para evitar el tumulto al desembarcar. Sin embargo, esa costumbre puede ser contraproducente, porque son habitualmente, los lugares más congestionados de pasajeros.

Otra recomendación que entregan los Centros para el Control de Enfermedades de EE.UU. (CDC, su sigla en inglés), es tratar de respetar el distanciamiento de dos metros entre pasajeros. Aunque en horas peak eso puede resultar imposible, si logra hacerlo en horas de menor congestión, marcas en el suelo pueden ayudar a determinar la distancia mínima recomendable.

Otra recomendación útil y que sirve para cualquier tipo de transporte, es evitar comer durante el viaje. Mientras lo hacemos, podemos llevarnos las manos a la boca, con las que antes hemos tocado superficies de la cabina o del vagón que pudieran estar contaminadas. Además, implica sacarse la mascarilla, con el riesgo que ello puede generar.

Puede ser difícil y por sobre todo aburrido, pero dejar el celular guardado y no manipularlo durante el viaje también es un buen consejo, porque se trata de uno de los dispositivo más contaminados que uno pueda manipular.

Un último consejo, difícil de seguir para muchos por la distancia a sus trabajos, pero que para algunos más privilegiados es posible, es usar medios alternativos, como la bicicleta, scooters o caminar.

Fuente: La Tercera