Cada vez aumenta más el número de ciclistas en las ciudades:

Saber a qué altura colocar el sillín o el manubrio, por ejemplo, ayuda a pedalear sin forzar articulaciones o músculos, y así evitar lesiones.

Por C. González.

Pedalear por la ciudad es una actividad cada vez más popular. Además de ser una buena opción deportiva o recreacional, ya son muchos los que lo han adoptado como un medio de transporte cotidiano: solo en Santiago se pueden ver hasta 600 bicicletas por hora cruzando algunas de las ciclovías más concurridas, como las de Andrés Bello, Pocuro y Antonio Varas.

Que la experiencia esté libre de riesgos implica mucho más que usar casco y tener precaución al pedalear. Son varios los tipos de molestias o lesiones que pueden surgir del pedaleo o de la postura sobre la bicicleta.

«Sin duda que ha habido un aumento en la incidencia de algunas lesiones, porque la gente está usando más la bicicleta», comenta el doctor Marcelo Acevedo, traumatólogo deportivo de la Clínica Indisa. «Pasar de peatón sedentario a ciclista, sin tener los cuidados necesarios, puede generar problemas».

Las lesiones más frecuentes se dividen en dos grupos: traumáticas y por sobreuso. Las primeras consideran caídas o accidentes que provocan contusiones, erosiones o fracturas, que suelen afectar principalmente la cabeza o los miembros superiores.

En tanto, los problemas por sobreuso se refieren a «algunas lesiones o condiciones asociadas específicamente al uso repetitivo de la bicicleta, lo cual puede provocar inflamaciones en articulaciones como muñeca, codos y hombros, asociados a la vibración y movimiento de esta», explica Eugenio Zúñiga, kinesiólogo de Vidaintegra.

Así, es común también que surjan tendinitis, desgarros o contracturas en músculos o tendones, en especial de las extremidades inferiores.

La postura sobre la bicicleta juega un rol determinante. Por ejemplo, un sillín muy bajo obliga a flectar mucho la rodilla al pedalear. «Eso puede generar lesiones por sobrecarga, sobre todo a nivel de la rótula, y en especial si hay que enfrentar subidas o bajadas», cuenta el doctor Álex Vaisman, traumatólogo de la Clínica Alemana.

El experto precisa que el sillín debe estar a una altura que, sentado, permita tocar el suelo con los pies. Eso también favorece a la espalda. «Un sillín muy alto obliga a estar más agachado. Lo ideal es que la flexión del tronco no sea mayor a 80 grados».

Lo anterior implica no tener necesidad de arquear el cuello hacia atrás para poder mirar al frente mientras se pedalea. De lo contrario, se sobrecarga la columna y genera dolor lumbar o cervical.

El modelo adecuado

Una mala postura también provoca que se cargue gran parte del peso del cuerpo en el manubrio, forzando manos y muñecas.

Mantener un peso corporal adecuado es otro factor que no se debe descuidar, ya que una persona con sobrepeso aumenta el esfuerzo que debe hacer la rótula.

Algo que pocos ciclistas hacen es elongar antes y después de pedalear, sobre todo si la actividad se va a prolongar por más de media hora.

«Es recomendable realizar elongaciones balísticas o elásticas (elongaciones cortas y repetitivas), las que no pueden exceder los 10 segundos por repetición; así se activa e irriga el músculo y se evitan lesiones», dice el kinesiólogo.

Los especialistas recomiendan un chequeo médico, en especial si no se ha hecho ejercicio en mucho tiempo, previo a retomar la bici. Y hacerlo de a poco, evitando sobreexigir al sistema muscular y al corazón.

Asimismo, es importante elegir el modelo de bicicleta que más se acomode al cuerpo y al tipo de actividad que se va a realizar (mountain bike, ciclismo de ruta o urbano, por ejemplo).

Accidentes
El 63% de los ciclistas ha sufrido al menos algún tipo de accidente, según la Encuesta Nacional de Accidentes Ciclistas, aplicada a 1.870 personas en 2013.