Sin la intención de sonar alarmista o agorero ni mucho menos querer impregnar estas líneas con una visión sombría o pesimista de las cosas, es innegable que la vida está rodeada de riesgos, día a día, en todo momento y en todo lugar, pues los riesgos son inherentes a la existencia misma.

Por extensión, entonces, los riesgos en el mundo del trabajo, al que la fuerza laboral del país le dedica unas 55 horas semanales van a estar presentes siempre, ya que, por más que uno así lo quisiera, no podemos controlar todas las variables, muchas veces cambiantes e impredecibles.

Las posibilidades de verse afectado por un accidente del trabajo o enfermedad profesional pueden reducirse significativamente ( y así se ha hecho) gracias a la asesoría experta en prevención que las mutualidades le brindan a las empresas permanentemente, pero a pesar de los esfuerzos, la chance de que ocurran nunca desaparecerá por completo.

Por ley, los empleadores son los primeros responsables (el texto dice, literalmente, que están obligados a hacerlo) en tomar todas las medidas necesarias para proteger eficazmente la salud y seguridad de sus trabajadores, garantizando condiciones adecuadas y razonables para laborar, además de proporcionar todos los implementos de protección personal necesarios para este fin, así como los medios para acceder a una atención médica oportuna en caso que se suscite un accidente o emergencia.

Pero por más que el empleador cumpla cabalmente con ésta y otras normativas, como dijimos, los riesgos, amenazas y peligros son una constante. Es por ello que el autocuidado del trabajador es tan vital en lograr implementar una cultura de prevención en las empresas, porque nadie conoce mejor los riesgos que existen en el lugar de trabajo que los mismos trabajadores, donde hay variables que ellos sí pueden controlar.

A su vez, el empleador debe asumir el compromiso de instar a sus trabajadores a reflexionar en torno a su salud y seguridad, a través de cursos y capacitaciones, para así apuntar hacia el bienestar integral de las personas y el crecimiento sostenible en nuestras comunidades.

Muchos accidentes laborales y enfermedades profesionales derivan –unas veces más, otras veces menos–, del estilo de vida y el ámbito privado del trabajador.

Por ejemplo, un estudio de la ACHS, logró determinar que en el 29,4% de los accidentes, los involucrados dan positivo en drogas o alcohol. La OCDE, por otra parte, argumenta que diversas enfermedades mentales nacen durante la adolescencia, y luego evolucionan y se gatillan malamente en la vida laboral, por lo que sería razonable enfrentarlas en las etapas primarias y no después.

Así, el rol del autocuidado va tomando aún más fuerza como uno de los puntales de la cultura de prevención. Es recomendable que los trabajadores tomen conciencia de su estado de salud y quieran tener una mejor calidad de vida, pues las características del trabajo que las personas realizan, co-determina en buena parte el nivel de la misma. El compromiso por el autocuidado y sus prácticas debe ser adoptado a diario, tanto a nivel personal como laboral: en teoría, es uno el que controla su propio destino.

Así, aspectos básicos como el tener un periodo efectivo de descanso entre las jornadas laborales, alimentarse sana y variadamente, tratando de evitar ingerir exceso de alimentos durante la jornada laboral, manteniéndose hidratados y el no auto-medicarse, son fundamentales. La creciente obesidad de los chilenos debe ser enfrentada de forma urgente por una política pública eficaz.

El hecho que un trabajador esté cansado o somnoliento en una faena industrial puede llegar a ser determinante en el devenir de un accidente. O la simple circunstancia de pasar 8 o 9 horas sentado frente a un computador con una mala postura, terminará generando enfermedades músculo-esqueléticas crónicas. Si la condición física y mental del trabajador está lejos de la óptima, es indudable que las probabilidades de verse afectado en su salud y seguridad, crecen exponencialmente.

Afortunadamente, creemos que todo accidente laboral y enfermedad profesional se puede prevenir y es a lo que aspiramos. Hemos trabajado por décadas para ello y así lo seguiremos haciendo. Pero nunca podremos lograrlo si no cohesionamos a todos quienes participan del mundo del trabajo, enmarcados en un tripartismo real, donde todas las voces sean tomadas en cuenta y se les dé el mismo peso relativo, con más diálogo y menos imposiciones unilaterales.

 

Columna de Ernesto Evans, Presidente de la Asociación de Mutuales

 

Fuente: Cooperativa