La trampa del “silencio operacional” impide aprender de los incidentes o accidentes ocurridos

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  • 26 de julio de 2018

Por cada accidente, ocurrieron previamente múltiples incidentes similares.

Chile ha avanzado en los últimos años en la reducción de accidentes del trabajo, gracias a los esfuerzos de empresas, trabajadores, Estado y mutualidades, entre muchos otros actores. Ha sido la sociedad en su conjunto la que ha logrado este mejoramiento, lo que se ve reflejado en indicadores que hoy ubican a Chile a la vanguardia en la región en salud y seguridad en el trabajo.

A pesar de la reducción en la tasa de accidentabilidad aún sigue habiendo trabajadores que se accidentan e incluso pierden la vida en su trabajo. Esto nos plantea un gran desafío ya que a medida que nos acercamos a valores más bajos en la tasa su reducción se hace más difícil y se hace necesario revisar nuestros actuales paradigmas y las acciones que derivan de ellos. En otras palabras, debemos enriquecer nuestra comprensión del problema y generar acciones más efectivas.

Una mirada sistémica

Para ello, resulta de gran utilidad revisar un fenómeno que afecta más allá de la prevención de riesgos y que pone la mirada en la gestión de las organizaciones.

Durante las últimas décadas, las organizaciones han avanzado considerablemente hacia una visión más sistémica y comprehensiva de su gestión. Esto se refleja en la creciente integración de áreas y disciplinas que con anterioridad funcionaban de manera aislada minando la eficiencia de los procesos.

Las organizaciones de hoy promueven el trabajo colaborativo y multidisciplinario, lo que les ha permitido realizar importantes mejoras e innovaciones logrando sinergias antes insospechadas.

La gestión de la seguridad y salud en el trabajo -SST- también ha ido siendo integrada progresivamente a la gestión global de muchas organizaciones, algunas de las cuales la llegan a considerar dentro de sus pilares estratégicos. Indudablemente se ha avanzado, y este avance ha tenido mucho que ver con la considerable reducción de la tasa de accidentabilidad.

Pero aún queda mucho por hacer. Y para ello es imperativo liderar procesos que profundicen en la integración y el fortalecimiento del trabajo colaborativo.

De hecho, los indicadores de SST cada vez son más considerados en su relación con otros indicadores de gestión e interpretados de manera sistémica.

Promover la reportabilidad

Para avanzar hacia una mirada más sistémica e integradora de la gestión de la SST, un elemento muy importante, que requiere de un resuelto y persistente liderazgo, es el tratamiento que damos a los incidentes/accidentes que están permanentemente ocurriendo en nuestras organizaciones. Sí, permanentemente. Porque aun cuando en ocasiones caemos en la trampa del “silencio operacional” y creemos que “no pasa nada”, está demostrado que, por cada incidente que genera una lesión, han ocurrido múltiples incidentes similares en su causalidad, los que solamente se diferencian en las consecuencias.

Al identificar y actuar oportunamente sobre ellos, es posible anticiparse y controlar las causas de eventos no deseados incluso antes de que estos generen daño a las personas.

Adicionalmente, las organizaciones que exhiben altos niveles de “reportabilidad”, generan aprendizajes que van más allá de la seguridad, ya que la ocurrencia de incidentes y accidentes es una señal evidente de que existen aspectos de los procesos que no están siendo bien controlados y esa falta de control suele ser causa de otros problemas que atentan contra la eficiencia, la confiabilidad y la continuidad de la operación. Al detectarlos e investigar sus causas, éstos pueden ser eliminados o minimizados.

De esta manera, el reporte de incidentes aparece como una acción concreta que contribuye a integrar la gestión preventiva a la gestión global de la organización, eso sí, actuando sobre eventos ya ocurridos.

Sin embargo la incorporación de elementos de SST no debiese limitarse a actuar sólo sobre los eventos ya ocurridos, la prevención es más efectiva mientras más se acerque al origen de las situaciones que queremos evitar y controlar. Lo deseable es que desde la etapa de concepción y diseño tengamos en cuenta los riesgos para las personas que ocuparán una planta, operarán una máquina, utilizarán herramientas, etc. Otra vez, esto requiere liderazgo, ya que implica, ir contra la costumbre instalada de “parchar” después con medidas tendientes a evitar accidentes y/o enfermedades profesionales.

Si lo que queremos es cuidar la vida de la manera más efectiva posible, entonces es necesario ir al origen, a la planificación de las operaciones, al diseño del trabajo… El cuidado de la vida requiere también que los riesgos se consideren desde el comienzo, en los procesos de reclutamiento, selección, inducción, capacitación, adquisiciones, mantenimiento, transporte, comercialización, también cuando se introducen nuevas tecnologías o cuando se modifican puestos de trabajo.

En síntesis, podemos dar importantes pasos hacia una visión más integral, sistémica y humana de la gestión de los riesgos laborales promoviendo altos niveles de reportabilidad, aprendiendo continuamente de los incidentes/accidentes ya ocurridos, pero también, y este es un desafío al liderazgo, identificando y tratando los riesgos desde el momento de concebir y diseñar y, transversalmente, en todos los procesos que desarrolla la organización.

 

Fuente: El Mercurio